lunes, 25 de abril de 2011

SALVAJE COMO LOS SUEÑOS


El agua es salvaje como los sueños, aparentemente simple y con la potencia de todo lo imprevisible. Guarda en su seno enormes secretos jamás descifrados, alberga en su interior mundos que serán siempre desconocidos. Desencadena infinitos procesos entre humanos, quienes a su merced sólo son pequeñas marionetas perdidas en los entresijos del tiempo.
Soñar con agua, beber un sueño: quimeras y utopías que no se dejan clasificar por ciencia alguna, espíritus en estado puro que ríen de habitáculos que pretenden ser continentes, trampas para el líquido y el inconsciente.
El sueño es transparente como las aguas y sin embargo resulta una mezcla del blanco y el negro, va más allá del espectro (visual) que toda realidad regala constantemente al ser humano. El agua, como el sueño, se escapa entre los dedos: una vida inmensa y salada, una muerte dulce y breve... la de quienes no sueñan ni beben.


domingo, 27 de marzo de 2011

HOY ME GUSTA TODO


¡Qué tremendo! Me gustan los muertos que son, como están; y que mi inconformismo choque con el hediondo mundo que necesita para sobrevivir. Es más drástico (mucho más) este gusto mío que cualquier (pesim)ismo. Me gusta que sea esta hora ¡y es tarde!, pues me gusta odiar los relojes. Me siento bajo el influjo conjuro de mí (energía positiva) viendo potente cómo encaja todo. Me veo abocado por este abismo –mi amor- a la suplencia de Ti, en tu ausencia. Me gusta que no estés ahora (¿significa que estarás, y por eso me gusta?), y eso sí es tremendo: no puedo llamarlo soledad. Me gusta odiarme como a los domingos, y que se acabe el papel, o mi falta de imaginación. Me gusta escribir sin sentido, ni pensar o pesar. Lo gratuito, el placer, amarte, descubrir el norte, occidentarme y blasfemar sobre palimpsestos. Anhelar la satiriasis, rebuscar opciones seniles entre los recuerdos, ¡olvidemos el futuro! Un corredor de aire nos está indicando el anhelo de otro vuelo, ¡viva el rebuzno institucional! –dirá mi obra.
Se comba el viento, el aliento, me espera el agua más allá de las cuevas; y caminar vereda adentro buscando avellanos, algarrobales en medio de una selva andina que me reconcilie con mis heterófagos y asuma la comprensión de mi imbecilidad.
Estoy glosando una eternidad, el absoluto de mis rentas miopes disolviéndose en este placer incomprensible, nunca antes experimentado. Es otra piedra filosofal, no la comprensión sino lo inagotable de combinaciones oníricas, aleatorias y lúdicas, lúbricas. Un automatismo sin autómata: a) la asociación inconsciente; b) la entrada de lo inesperado; c) buscar lo contradictorio; d) el vuelo inconsistente de un alma como palomas; y después, todo lo demás, cualquier fórmula es válida: los ancestros, la impotencia, una gastronomía sumergida en ocurrencias cotidianas, el humor arte o la mera descripción tamizada en vocablos educacionalmente correctos (majaderías de concordancia). Así en la lengua como en el cielo (de la boca), sigue valiendo la alquimia para las manos, ensuciando colores de atardecer sobre la pobre materia inocente de sus posibilidades holísticas. Y me río, me río mucho de todo porque en esta caverna del sinsentido cabe de todo, hasta las ratas, que también me gustan, y podría seguir, pero me paro…

Primera redacción de un capítulo de "Malas memorias" (inédito)

viernes, 25 de marzo de 2011

hace siete años y un día


Imagina que la literatura es un perro,
una palabra pronunciada por un banquero.

Sácala a pasear cada día un par de veces,
mírala a los ojos, dedícale tiempo;
adiéstrala para que coma de tu mano
enséñale cómo son las normas del universo.
Sé severo contra sus caprichos, ten constancia
y no te dejes llevar por la ternura o el incienso/ingenio;
en ocasiones sus heces te harán vomitar
y por eso: mímala, cuida su dieta
para tener la seguridad de que está en su peso.
No le des más de lo que merece
mas tampoco menos.
Desprecia su vacuidad, su inmanencia
la capacidad que tiene de convertirlo todo en metal.
Hazle ascos a cosa tan ruin que ni siquiera
mañana será recordada. Y escupe sobre todo
lo que nunca ha sido: el poder, el centro
de todo mundo material.
Colócala, por fin, en el lugar
justo donde le corresponde
en tu corazón, en el universo.


martes, 22 de marzo de 2011

TERRIBLEMENTE INGENU@


Ahora resulta que soy terriblemente radical y extremista, que mis ideas son un estorbo incómodo en todas partes.

Me sorprende descubrir que cualquier día iré a una cárcel... o mi cadáver aparecerá en cualquier cuneta... sólo por pensar que la única solución será siempre la paz.

martes, 8 de marzo de 2011

DECLARACIÓN DE LAS TRES MUJERES DE ARENA

No hagas caso a quien te diga que sólo somos viejas fotografías, que no podemos hablar porque estamos ancladas en películas de blanco y negro. Te llamamos desde lo oculto en el tiempo y en los discursos; si tú no eres capaz de oírnos es porque tu idioma es imperfecto, porque te han educado en otro universo que nos niega y nos aprisiona.
Una de nosotras es la mujer que tú deberías haber sido, la mujer que te niegas llevar muy dentro por lo que dejarla libre significaría. Es la sangre púrpura que corre por las venas imposibles de tu lejanía: la prisión de tu verdad. Mujer atrapada, mujer oculta: púrpura.
Otra es la mujer ideal, a la que aspira cualquier sociedad justa: la mujer que nunca llega porque las circunstancias no le dejan, no por demasiado perfecta. Es la mujer violeta, la mujer utopía. Mujer tendencia, mujer horizonte: malva.
La última de nosotras es la mujer inspiradora, que no se deja ver, pero no porque tenga miedo: es la mujer que hay en todo... en la Tierra, en el Alma, en la Noche, en el Misterio de mil fiestas y en el Objeto más imprevisto. La esencia femenina que inspira todo cuanto existe: la mujer lila. Mujer disfrazada, mujer impregnando: lila.
Nosotras tres -Púrpura, Malva y Lila- hoy:
Declaramos el imperio de lo sensible y el destierro del resentimiento: no hay fronteras ni límites para dar rienda suelta al corazón. Quien pretende repensarlo, lo encarcela y manipula... tergiversa su noble raíz.
Nos declaramos renegando de toda violencia y sembramos otro mundo bajo la cáscara podrida del que nos rodea; los entresijos del desierto cruel albergan el germen mutante de un espejo llamado Historia. Algún día la Humanidad se arrepentirá de mirarse en él.
Y declaramos por fin estar liberadas de toda belleza, hasta que vuestros ojos sean capaces de irisarse con nuestras tonalidades; no queremos la cárcel de los cánones ni la esclavitud de la moda. Declaramos sin más la inexistencia de la belleza.

lunes, 14 de febrero de 2011

ECUADOR

Aquella tarde estábamos en el ecuador del sexo, ardía la ciudad por ser verano y de nuestros cuerpos surgía además un fuego de los que nunca se apagan, de aquéllos que sólo se apaciguan levemente gracias a los orgasmos. Tú escuchaste una frase inquietante, saliendo de mi boca:
-Voy a hacerte algo que jamás te han hecho... algo que no podrás olvidar...
Inmediatamente viste cómo el miembro pétreo se deslizaba hacia el exterior de tu sexo. Desde donde te hallabas no pudiste contemplar la bella imagen que el volcán les regaló a mis ojos: una polla tiesa y húmeda abandonando la cueva sonrosada de tu coño, esa boca abierta pidiendo a gritos más y más placer. Sin poderme reprimir, buceé golosamente con mi boca babeante, explorando con la lengua los pliegues de tus labios, la entrada de tu vagina tierna y bella, jugando con los dientes a rebotar tu clítoris entre mis labios.
-Esto me lo han hecho ya muchas veces... –tus palabras se oyeron entre jadeos y suspiros, entre tus ojos entreabiertos, entre tus muslos tensando unos músculos apetitosos.
Me retiré inmediatamente de esa tentación infinita, degustando tu sabor entre lo liso.
-Tienes razón, no me concentro, me dejo llevar y no era esto...
Me marché de tu lado contemplando graciosamente tu mohín confuso de orgasmo venido a menos; tú contemplabas mi perfil enhiesto alejándome hacia el baño.
-¿Pero por qué te vas? ¡No me dejes así!
Volví de inmediato, cargado con el instrumental. Cuando viste en mis manos la maquinilla, añadiste:
-Eso también me lo han hecho... –y una sonrisa ladina jugó con la boca de mi estómago, que le respondió con la misma incertidumbre de mis palabras.
-Así no, seguro...
Sin necesidad de más, volviste a ofrecerme tus muslos apetitosos. En el centro de aquel cielo se mezclaban el sudor neutro del calor recién nacido y el zumo de tus entrañas: el cóctel sabía a hidromiel o sutileza ¡qué sé yo! Dejé de lamer aquella reliquia porque anulaba mi voluntad y hacía desaparecer el tiempo; me puse a la faena: cogí el aerosol de nata y deposité sobre tu flor otra más blanca y dulce, que ocupaba todo el vello de tu bello sexo. Con una caricia exterior, la recoloqué sobre ese misterioso triángulo... al tiempo que con mi corazón acariciaba tu interior en el misterio de tus jadeos. Permanecías tumbada sobre la cama, totalmente desnuda y a mi merced, con la cabeza llena de mil colores indescriptibles.
Cogí la maquinilla de afeitar y empecé a rasurarte despacio, disfrutando del momento y de la espuma. Cuando las hojillas estuvieron llenas, mis dedos -siempre a favor del filo- se deslizaron por él y la mezcla de pelo y nata fue mi postre una vez tras otra. Tus gemidos de placer se acrecentaban desde el misterio, porque no me mirabas: sólo sentías cómo paulatinamente tu sexo quedaba al aire y mi boca lo llenaba de un soplo de aire fresco. Te sentías cada vez más desnuda, doblemente entre tus piernas. Me miraste de hito en hito y contemplaste cómo me estaba comiendo también el exterior de tu sexo; no pudiste reprimir una risa entre extrañada y sorprendida.
-¡¡¡Te lo estás comiendo!!!
-Y ahora que ya está todo liso, también seré tu bálsamo para después del afeitado.
Dicho esto, aparté la maquinilla y coloqué otro rosetón de nata justo en la entrada de la catedral de tu sexo. Me lo comí sin sonrojo, la nata me inundaba la nariz y los ojos: tú me inundabas el cerebro y el corazón. Mi lengua consiguió llegar hasta lo más profundo de ti (después me contaste que sentiste su punta en tu corazón bienherido) y cuando parecía que todo estaba a punto de acabar... te demostré que aún tenía un as en la manga; un as que no podía contenerse, que no aguantaba más. Clavar la punta de mi organismo en el centro de la habitación fue como dejarse llevar por un agujero negro: tú y yo arrastrados en la vorágine irredenta de mil posturas, gritando desesperados como quien pide auxilio en medio de un mar de flujos. Uno de esos polvos que no se acaba, que nos trae siempre la imaginación de otra variante y nos incita a no terminar nunca... sudando entre la dulzura de un verano con nata, nuestros cuerpos magnéticamente atraídos, frotándose en los efluvios de todos sus poros. Nuestros cuerpos y su lubricante natural: el sexo.
-No es justo, yo también quiero nata... –sollozabas en falsete. Cogí el spray y coloqué el extremo entre tus labios. Apreté el botón y tu boca se llenó de nata mientras tu sexo estaba lleno del mío. Ambas eyaculaciones fueron simultáneas, llenaron tu cuerpo de mí, porque mientras tanto mi corazón izquierdo había ocupado tu esfínter. El orgasmo fue bestial, de los que no se miden con palabras. Te ahogabas por dentro y por fuera, mientras yo no podía detener mis embestidas. Cuando por fin todo pasó y quedó sólo un mundo fláccido y sudoroso sobre aquel lecho, empezamos a planificar el futuro.
-No me has dejado ni un poquito de mi sexo –sonreías entre pícaras artimañas.
-Si lo que deseas es recuperar el pelo perdido, has de saber que la queratina no puede digerirse; hay otro bote de nata esperando tu atrevimiento, cuando llegue la ocasión... pero ahora, podemos terminar éste –dije mientras introducía suavemente la cánula en tu ano.
-Aprieta sin miedo, te estoy esperando –fueron tus inocentes palabras.
El día comenzaba a declinar, pero el calor no desaparecía.