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lunes, 17 de marzo de 2014

OJALÁ TE MATEN

Te digo, sincero como una puerta: ojalá te maten. Ojalá algún día seas tan importante para alguien, que ponga en riesgo su futuro por tu causa. Desde ahí, desde el futuro, cualquier día vendrá alguien y me dirá: vengo a matarte, para evitar lo que tu presencia significará para el mundo con el tiempo. ¿Acaso no es eso ser el centro del Universo? ¿Cómo sería un futuro sin mí, sin ti?


Con mi bendición deseo que no mueras en el lecho como un mediocre, que te asalte la muerte por el camino igual que lo hace con el viajante el bandolero, dando así sentido a su miedo. Que sea la pasión el sol de tu universo, porque ese destello negativo vendrá a compensar un infinito positivo previo o al menos alternativo.


lunes, 21 de octubre de 2013

Fría mente

Asisto a mi declive físico igual que lo hice con mi juventud incierta: sin un asomo de tragedia. Con curiosidad, con desparpajo, buscando los significados últimos de todo cuanto me sucede. Quizás intentando así desmenuzar la ‘realidad real’, tan disfrazada ante esta tan obstinada ‘realidad aparente’.
Contemplo, como un científico que ha inventado su propia ciencia, cómo todo va encajando hasta darme con disgusto la razón en este absurdo mundo en el que quien tiene razón, sucumbe.
Quedan las glosas de mi testimonio como hitos que son, en el camino. Quizás, igual que las constelaciones, sirvan para orientación de peregrinos. A mí me valen como pasatiempo incomparable (pues soy el protagonista) y propedéutica para quienes se quieran acercar a mí en el futuro.


jueves, 28 de marzo de 2013

Acaso...

Acaso el suicida sea la reencarnación de un conocimiento superior, más absoluto y englobante que el del común de los mortales. Superada ya la trivial y básica, inmediata afirmación que compartimos casi todos: soy importante porque soy precisamente yo. Acomodamos la realidad a ese hecho, buscamos formas de clasificarla y ordenarla de manera que encaje todo en este axioma.


Acaso el suicida haya superado ya esta etapa tan primaria que es el egoísmo de la supervivencia y –ya sin lastres- llega a la conclusión de que en el fondo hay cosas que están por encima de las opiniones y los intereses. Esta suerte de ‘divinidad-venida-a-menos’ alberga un doble principio: de un lado, reconoce su capacidad de enjuiciar y valorar más allá de sus intereses particulares; de otro, ignora conclusiones ajenas por no ser de su cosecha.

Acaso el suicida está tocado de una clarividencia que se nos escapa (figurada y literalmente) como una dimensión oculta, o una civilización extraterrestre. ¡Qué condena! Ser suicida en un mundo lleno de vivos planos, de mezquindades materiales que se agotan enseguida. Tanto lastre, tanto débito superando a las personas. Quizá un día se nos haga la luz y veamos más allá de nuestra pacata realidad, tan material y tan inmediata. Pero quizá si accedemos al conocimiento superior, acabemos también siendo suicidas.

Acaso el suicida no cabe en este mundo mezquino y posea otra escala de valores… la de quien se sabe prescindible, la de quien es capaz de prescindir de todo. Mientras, seguimos en esta realidad mezquina, incomprendiendo y juzgando almas a la deriva.

Acaso todos somos suicidas en potencia; sólo nos falta un hecho, una claridad, para pasar al acto. ¿Qué es la muerte para un suicida, sino un objetivo? El centro de su diana, la meta de su vida. Puede que acepte gustoso aquello que los demás negamos, puede que se nos adelante en el tiempo y el espacio. Acaso vivimos en una sociedad en la que quien madura se suicida.

Acaso es nuestra ignorancia la que nos impide compartir ese punto de vista. Quizá mientras seamos lerdos, continuemos vivos. O puede que la muerte sólo sea un pasaporte a otra dimensión, algo que descubre el suicida.

Acaso el suicidio es un embajador de otro mundo que ha venido a rescatarnos y le ignoramos, arrinconándole en la incomprensión.

Acaso el suicidio es un concepto metafísico, involuntario… y sin saberlo, cuando estamos en el punto perfecto, morimos. Acaso la muerte no sea sino un suicidio involuntario.

lunes, 9 de mayo de 2011

A PROPÓSITO DE VENECIA Y DE LA NIEVE


Lloro mucho, en ocasiones sin lágrimas
contigo de cuerpo presente; no te reprocho la ausencia
pero es tuyo el dolor de mi soledad.
Vago entre infinitos seres lejanos
ignorando sus cándidas empatías. Me acompaña
la pena como una burbuja alrededor,
pero no siento nada: sólo el vacío.
Transcurren los años contigo al lado
y eternamente me has abandonado.
¿Dónde está en realidad tu muerte?
En el absurdo de tenerte, en la noche
interminable y blanca; ya sólo
soy el cielo pidiendo venganza.

martes, 25 de enero de 2011

PEQUEÑO RELATO INSENSATO


Alguien viene matando a siniestro y diestro, sin motivo... alguien viene matando como un surrealista. Aprovechando la confianza, va entrando en las casas del pueblo y va matando en silencio y con saña fría. Las puertas se abren francas y los ojos sorprendidos en el instante de la traición irracional.

Alguien siembra sangres en domicilios, con un itinerario inagotable que busca pasar a la Historia. Después se sabrá que era un loco nuevo, elegido por los antidioses entre el pueblo normal, para pasar así más desapercibido. Lo cuenta un desconocido, narrador para posteridades mientras transita por uno de nuestros caminos. Va enumerando tristemente mil detalles del magnicidio mientras camina hacia el cementerio y el final de su narración resuena –como sus pasos- en la lápida que hay sobre mi cabeza. Me gustaría decirle que debe escuchar la otra versión, que no juzgue porque yo tengo un secreto... mi voz se funde con sus pasos en esta cueva, mientras siento un abrazo frío como dos alas negras: la muerte me reclama con su risa sorda. Llega todo el silencio para este alguien repartidor de angustias, mi nombre se confunde con el purgatorio.

sábado, 27 de noviembre de 2010

De un posible prólogo...

Como los restos de un naufragio, inconexos entre sí pero formando un cuadro dramático que sólo tiene sentido en su conjunto; así se comprenderá algún día -en un futuro esdrújulo- el panorama que ahora nos toca sufrir.

Cuando comiencen a aflorar todas las obras de los atormentados de esta época, odio mascado en soledad contra un entorno que aparenta no tener sentido para así calarnos más hondo y ser neurona; obras de rencor contra lo sin-piedad que se come al hombre, porque (no nos engañemos) esto se hunde.

Toda esa energía alimentada con decepciones, tabaco, alcohol y frustraciones; mezcla explosiva que grita sin garganta en la soledad de la habitación de cualquiera de ellos.

Algún día se verá cómo todo eso, disperso y desconocido ahora, era la crónica impotente del vacío, lo que nos rodea. Y se verá también que sólo de la soledad y la desconexión podía salir esta generación de artistas que no tenían conciencia de sus respectivas existencias.

Que todo esté contaminado no es la ironía. La ironía es que ese día no llegará.

Y sólo es cuestión de tiempo. Porque mientras esos malditos lloran lágrimas de sangre azul encogidos en rincones amargos, hay por cada uno de ellos miles y miles de idiotas que gastan el tiempo en concursos televisivos. ¡Si supieran ser bestias que embisten, como ellos! Pero no. Es necesario este desangrarse cotidiano, consumiéndose por tener atadas las manos; es necesario sentir cada noche caer la manta sobre el cuerpo como una lápida, morir en cada sueño; necesario sufrir, porque están tocados con la virtud de la clarividencia, del conocimiento total sin necesidad de saber lo concreto.

Sí. Sólo cuestión de tiempo. Y el tiempo se va. Con él nos iremos y no llegaremos a conocer todas esas obras, que entre las ruinas de lo que un día fue lo que hoy vemos, en desvanes destruidos, estarán pudriéndose, o siendo comidas por las ratas. Las mismas ratas a las que hoy, ávidas, hay que dar infinitos productos para su consumo diario; lo devoran todo y cuanto más
putrefacto mejor.

Saber que todos están castrados es el primer paso.

Después, con el tiempo, estarán todos muertos.


(Fragmento de "Los grifos no tosen", 1992)

martes, 17 de agosto de 2010

Improvisación de ayer (durante la clase de piano de mi hijo)

Todo pasado es un peligro latente, una pupa que puede eclosionar en cualquier momento: crisálida de melancolía, saudade en potencia. Morriña en barrica de roble, nostalgia a punto de ser destilada... libación de mariposa nocturna.

jueves, 1 de abril de 2010

RECUERDOS DE OTRAS VIDAS

¿Quién no ha sentido alguna vez la sensación de que una música le evoca experiencias que jamás ha tenido, que nunca ha vivido? ¿Quién no ha visto penetrar por su ventana el sol de un crepúsculo que jamás ha existido?

Quizá se trate de nuestros sueños, que nos visitan: de los que provienen del inconsciente o de los que se forjan en el ámbito de las utopías: los anhelos que nuestra errante fantasía una vez convirtió en imágenes mentales; quizás ahora nuestra memoria nos traiciona, reconstruidos a nuestro antojo.

Cada instante eterno que constituye el día a día... el paraíso de una comida compartida con mi pareja, que se convierte en manjar sólo por ella, sólo por su presencia... el paisaje multicolor que adquiere matices de arte gracias a la suavidad de una mano que estrecha la mía... quizás sean solamente recuerdos de otras vidas: pasadas y mías o ajenas y sólo intuidas; quizás reencarnaciones instantáneas sin cuerpo ni tiempo, una comunicación de espíritus perdidos en este universo caótico... como en una tragedia griega...

Quizá sólo somos palos de algún dios ciego, que nos permite traer lo infinito desde lo ínfimo: acariciar almas afines, ser sublimes.


martes, 4 de agosto de 2009

B de di Benedetto

BENEDETTO, Antonio di.
Argentina, siglo XX
Nuestra especie no habrá aprendido nada mientras no sepa entender a quien retiró la cortina que empaña la tristeza. ¿Dónde reside la clave de todos los anhelos humanos, sino en su mirada comprensiva? En el fondo del oscuro callejón al que llegamos espantados de tanto subproducto literario, hay una mesita con una pitonisa: nos leerá el pasado, será nuestra lectura recomendada. Tendrá un nombre y una lágrima, llegará de la mano de este genio; si deseamos aprender más, sólo tendremos que buscar su biografía.
Obra recomendada: Zama