sábado, 28 de agosto de 2010
500.000 productos para engordar la ignorancia
La Humanidad sigue cayendo en la emboscada; en breve, se harán 'estiramientos' de cerebro, porque las circunvoluciones no dejan de ser arrugas... políticamente incorrectas.
La Historia es una ratonera.
martes, 17 de agosto de 2010
Improvisación de ayer (durante la clase de piano de mi hijo)
Todo pasado es un peligro latente, una pupa que puede eclosionar en cualquier momento: crisálida de melancolía, saudade en potencia. Morriña en barrica de roble, nostalgia a punto de ser destilada... libación de mariposa nocturna.
viernes, 13 de agosto de 2010
OLA FIERA
Manchado ya el amor por haber existido, el tiempo se detiene entre mis dedos rechonchos: no hay ruido, siento deslizarse un pincel en estas mismas manos de la comida y el sexo. Y va pintando tu cuerpo, lento y bello, con la misma cadencia de una aguja horaria; mas sólo es el pincel quien se mueve, porque narra otros tiempos, inexistentes ya (salvo en las grietas de mis recuerdos). Sin embargo, es todo tan dulce y atractivo en esa blanda distancia de lluvia… Sentir tu cuerpo bajo mi pincel, es algo que me excita y transporta; tu cuerpo con su nombre de prohibición y descubrimiento, de evasión y pureza rastreadas en la maleza de incomprensión que nos rodea: María suena en mi pecho con el eco desgarrado de ya no tenerte, perdida entre mis miedos y arrastrada por un torrente de deseos que se resumen en no querer perderte.
... Y no querer caer en la tristeza de las tácticas humanas, mezquinos chantajes que van surgiendo como ritos, llegan horadando hasta el centro de este planeta: mi corazón.
... Y no querer convenciones ni estrategias, nos vende a una necesidad: inventar otro idioma, diluido entre el zumo de los besos y el deseo licuado deslizándose en tus territorios secretos. Es el lenguaje de mis pinceles y mis dedos, aunque tú quizás no lo sepas (ansiosa de referencias históricas, las de cifras pares) agazapada como estás tras una oscura distancia de compromisos ineludibles.
Y no querer tantas cosas... Necesito tu ausencia, lo sé cuando soy el centro de este frío cuyo único antídoto son los colores de tu risa jugando entre mis oídos; alabo tu sabiduría al ejercer la distancia. La que odio y la que nos acerca es la misma ausencia, no la temo en tu compañía, pero tampoco la pierdo de vista.
Sigue el pincel reconstruyendo tu cuerpo y al decir “te estoy pintando” ya no sé si estabas ahí antes de comenzar o sólo ahora cobras vida, porque se despereza entre mis dedos un yo tan desconocido como los colores salvajes de su piel, que anticipan un descuido carnal entre mis dimensiones líricas, un yo tan familiar que me estremece por esta cercanía de almas, insospechada e intuida hace sólo unos cientos de meses.
Verte cobrando vida junto a mí, me hace dudar: quizá soy un dios entre trogloditas, o quizá he conseguido zambullirme ya en el lienzo de tu deseo/recuerdo.
... Y no querer caer en la tristeza de las tácticas humanas, mezquinos chantajes que van surgiendo como ritos, llegan horadando hasta el centro de este planeta: mi corazón.
... Y no querer convenciones ni estrategias, nos vende a una necesidad: inventar otro idioma, diluido entre el zumo de los besos y el deseo licuado deslizándose en tus territorios secretos. Es el lenguaje de mis pinceles y mis dedos, aunque tú quizás no lo sepas (ansiosa de referencias históricas, las de cifras pares) agazapada como estás tras una oscura distancia de compromisos ineludibles.
Y no querer tantas cosas... Necesito tu ausencia, lo sé cuando soy el centro de este frío cuyo único antídoto son los colores de tu risa jugando entre mis oídos; alabo tu sabiduría al ejercer la distancia. La que odio y la que nos acerca es la misma ausencia, no la temo en tu compañía, pero tampoco la pierdo de vista.
Sigue el pincel reconstruyendo tu cuerpo y al decir “te estoy pintando” ya no sé si estabas ahí antes de comenzar o sólo ahora cobras vida, porque se despereza entre mis dedos un yo tan desconocido como los colores salvajes de su piel, que anticipan un descuido carnal entre mis dimensiones líricas, un yo tan familiar que me estremece por esta cercanía de almas, insospechada e intuida hace sólo unos cientos de meses.
Verte cobrando vida junto a mí, me hace dudar: quizá soy un dios entre trogloditas, o quizá he conseguido zambullirme ya en el lienzo de tu deseo/recuerdo.
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lunes, 2 de agosto de 2010
REIVINDICACIÓN DEL AZOGUE
A determinada hora del día y dependiendo del sol, este poema tiene relieve, asemeja la entrada de una gruta misteriosa sobre la que se proyecta el arco iris innumerables veces. Invita a entrar en esa oscuridad desconocida con más curiosidad que miedo, como si se tratara de atravesar el espejo, esa realidad que nos devuelve cada día la misma imagen monótona. Esconde, sin embargo, tesoros de cuento infantil, recuerdos como piedras preciosas y poemas que son joyas. Sobre alguno de ellos, a determinada hora dle día y dependiendo del sol...
lunes, 26 de julio de 2010
PATÁFORA (sinestesia)
Vivir es temblar.
Los sueños son metáforas
del indeseable pasado.
Sólo queda el despilfarro de los años,
pues las metáforas son sueños.
La muerte es mi única esperanza.
Incluido en "Equipaje para un desarraigo" (Inédito, 1991)
Los sueños son metáforas
del indeseable pasado.
Sólo queda el despilfarro de los años,
pues las metáforas son sueños.
La muerte es mi única esperanza.
Incluido en "Equipaje para un desarraigo" (Inédito, 1991)
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martes, 20 de julio de 2010
LA ESTELA DEL DRAGÓN
Huid, huid.
Escapad de esta tierra maldita
que asesina a sus hijos de la peor manera.
Porque desgarrarse las entrañas
en la impotencia y el hastío
es no vivir.
Huid.
He visto inmensos campos llenos de muertos,
y padres que sólo contaban los cadáveres;
llanto en todos los rincones
pero muerte también de este lado
desde donde se ven las coronas.
Huid sin mirar atrás
no sea que la tierra, con sus fingidos lamentos
sea capaz de arrastraros a la desdicha de la costumbre
y os convierta en antepasados.
Huid y si no, un día vuestros hijos
huirán de vosotros.
Deprisa, huid al horizonte,
único sitio donde amanece.
Tomad el carro
de la desilusión y desbocad sus caballos
atravesando la misma tierra
que amenaza la vida, cada día.
Huid, sin nada.
Un puñado de amigos en el carro, pero
no os equivoquéis:
al horizonte no se llega nunca.
Huid todos.
Huid ya, ahora mismo.
La maldición está en esta tierra, en toda la tierra.
La Tierra. Un día os arropará,
pero hasta eso será mentira,
porque os estará sepultando.
Huid.
Proclamo ahora que quien no huye es un traidor, asesino
una sonrisa sádica
que nos convence de que no hay maldición.
Huid, atropellad
a quien os hable del mañana:
quiere alimentar sus gusanos con vuestro cuerpo.
Sólo es sincero el color del luto,
lo demás patrañas de perros,
los mismos a quienes hemos creído
cuando nos dicen: hay que vivir.
No, creedme.
Sólo huyendo, entre la sangre
de aquellos a quienes quisimos una vez
y ahora están muertos bailando alrededor,
en este mundo sin sentido.
Huid como yo huyo
escondiendo el rostro entre unas manos
inservibles ya para las caricias.
Huid conmigo
para dejar desiertas las ciudades,
que las invada el viento helado
de nuestro desprecio.
Porque sabemos que sólo huyendo llevamos las riendas.
Huid, sin dueño.
Huid, sin tierra.
Huid, sin nada.
Huid de la muerte que se disfraza de vida,
esa vida que cada día nos cuesta más,
y nos sumerge más en ella misma, nos atenaza.
Revolveos en este fango
y con fuerza de titanes
tomad el carro y huid.
Huid o callad para siempre.
(1991)
Escapad de esta tierra maldita
que asesina a sus hijos de la peor manera.
Porque desgarrarse las entrañas
en la impotencia y el hastío
es no vivir.
Huid.
He visto inmensos campos llenos de muertos,
y padres que sólo contaban los cadáveres;
llanto en todos los rincones
pero muerte también de este lado
desde donde se ven las coronas.
Huid sin mirar atrás
no sea que la tierra, con sus fingidos lamentos
sea capaz de arrastraros a la desdicha de la costumbre
y os convierta en antepasados.
Huid y si no, un día vuestros hijos
huirán de vosotros.
Deprisa, huid al horizonte,
único sitio donde amanece.
Tomad el carro
de la desilusión y desbocad sus caballos
atravesando la misma tierra
que amenaza la vida, cada día.
Huid, sin nada.
Un puñado de amigos en el carro, pero
no os equivoquéis:
al horizonte no se llega nunca.
Huid todos.
Huid ya, ahora mismo.
La maldición está en esta tierra, en toda la tierra.
La Tierra. Un día os arropará,
pero hasta eso será mentira,
porque os estará sepultando.
Huid.
Proclamo ahora que quien no huye es un traidor, asesino
una sonrisa sádica
que nos convence de que no hay maldición.
Huid, atropellad
a quien os hable del mañana:
quiere alimentar sus gusanos con vuestro cuerpo.
Sólo es sincero el color del luto,
lo demás patrañas de perros,
los mismos a quienes hemos creído
cuando nos dicen: hay que vivir.
No, creedme.
Sólo huyendo, entre la sangre
de aquellos a quienes quisimos una vez
y ahora están muertos bailando alrededor,
en este mundo sin sentido.
Huid como yo huyo
escondiendo el rostro entre unas manos
inservibles ya para las caricias.
Huid conmigo
para dejar desiertas las ciudades,
que las invada el viento helado
de nuestro desprecio.
Porque sabemos que sólo huyendo llevamos las riendas.
Huid, sin dueño.
Huid, sin tierra.
Huid, sin nada.
Huid de la muerte que se disfraza de vida,
esa vida que cada día nos cuesta más,
y nos sumerge más en ella misma, nos atenaza.
Revolveos en este fango
y con fuerza de titanes
tomad el carro y huid.
Huid o callad para siempre.
(1991)
miércoles, 7 de julio de 2010
non bis in idem
Hace infinitos años, era atleta olímpico
por algún país del este cuyo nombre ha desaparecido.
Sin haber llegado jamás al abandono
de semejante atmósfera decadente, inhumana
sin haber perdido dignidad ni buen humor
hasta hace un par de años era obrero
sin hoz pero con martillo, como todos los del gremio
infinito de la construcción de la corrupción.
Ahora llega la recaída, la Nada.
Es el momento de hacer caso al gurú de la poesía
y dejar de lado el ‘yo poético’, no vaya a ser
que coincida con la sutil metáfora de alguien
que multiplica los entes sin necesidad.
Es hora de la recaída, de Nadie.
por algún país del este cuyo nombre ha desaparecido.
Sin haber llegado jamás al abandono
de semejante atmósfera decadente, inhumana
sin haber perdido dignidad ni buen humor
hasta hace un par de años era obrero
sin hoz pero con martillo, como todos los del gremio
infinito de la construcción de la corrupción.
Ahora llega la recaída, la Nada.
Es el momento de hacer caso al gurú de la poesía
y dejar de lado el ‘yo poético’, no vaya a ser
que coincida con la sutil metáfora de alguien
que multiplica los entes sin necesidad.
Es hora de la recaída, de Nadie.
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