domingo, 18 de noviembre de 2018

La gravedad del espíritu


Una vez descubierta la gravedad de la materia ¡qué bien se explica y encaja todo! Parece imposible que antes pudiera vivirse en ese angustioso mar de ignorancia ¿no?

Cada cosa está donde está y se comporta como lo hace de acuerdo a leyes físicas, clarificadoras. Queda perdida en la noche de los tiempos la cara que se les debió de quedar a los humanos de entonces… la misma que se les/nos quedará a nosotros cuando alguien sea capaz de formular la gravedad en el espíritu.

Entonces, cuanto ahora nos parece misterioso, se tornará diáfano, cristalino. 

Nuestra cara bobalicona será lo menos importante; tambaleados los cimientos de la realidad, los pusilánimes irán a buscar el refugio de deidades, el amparo de superioridades… ¡qué sé yo! mil subterfugios para no tener que enfrentar su cotidiana vida ya sin ese misterio omnipotente que todo lo trastoca y oscurece.

jueves, 15 de noviembre de 2018

PRECIOSA NARRACIÓN


La bonita historia de un país llamado Caspaña.

domingo, 4 de noviembre de 2018

LA HABITACIÓN

La habitación es como el alma.
Con la pasión
                       la nuestra
es un cuarto creciente.

jueves, 25 de octubre de 2018

Invitación a la meditación


Entre los 20 y los 70 años tiene lugar la existencia humana: antes todo es preparatorio, propedéutico y por tanto casi irrelevante. Después todo es desencanto, fruto de la experiencia y por tanto tan subjetivo que pierde interés objetivo.

Y en esa horquilla de 50 años, el individuo elige: biblioteca o gimnasio; gimnasio o biblioteca en cualquiera de sus múltiples versiones. Por lo general se da una combinación de ambos elementos, podríamos decir que siempre (salvo en un porcentaje estadísticamente “despreciable”) puesto que sólo así se consigue un equilibrio existencial y proporciona paz con un@ mism@. Ahora bien, ¿cómo se combinan ambos? En términos absolutos sólo hay tres posibles combinaciones que se desarrollarán cronológicamente… y tengamos en cuenta que si por algo se caracteriza la juventud es por el afán del absoluto.

1)   Gimnasio a los 20, introduciendo paulatinamente la biblioteca hasta llegar a los 70.

2)   Combinación equilibrada a los 20, mezclando a partes esencialmente iguales gimnasio y biblioteca.

3)   Biblioteca a los 20, introduciendo paulatinamente el gimnasio hasta llegar a los 70.

[Un llamativo, curioso y aleccionador paralelismo con la Historia de la filosofía: hasta los 20 sería la etapa presocrática, entre los 20 y los 70 la escolástica y a partir de los 70 los posthegelianos. Queda dicho a título de curiosidad, saque cada cual sus conclusiones y aplíquese las consecuencias, si quisiere].

jueves, 4 de octubre de 2018

NOVEDAD

... por si alguien tuviera interés, ya está a disposición mi último engendro. En el siguiente enlace:

Follar o no follar

A ver si alguien se atreve, jejeje.

miércoles, 15 de agosto de 2018

En la cúspide


En la cúspide de la lucidez, una vez le dije a una mujer: “Me sienta bien tu caso. No el que eres, sino el que me haces (ser).”

No lo percibió, ni siquiera lo tomó como un cumplido… que no lo era. Muy adecuado que así lo hiciera, porque no iba dirigido a ella con nombre y apellidos: era más bien una increpación a la vida, tomándola a ella como representante (o excusa).

La vida es un caso, sin duda: en la acepción desesperanzada de quien así lo proclama… “¡eres un caso! (perdido)”. Para mí la vida es un revulsivo, un toque de atención para despertar de ese fingido/aparente letargo que se pretende complacencia para quien comulga con semejante rueda de molino. La vida te hace caso para llevarte a la perdición.

miércoles, 25 de julio de 2018

SOBRE EL EXILIO (patriotas y patrioteros)

Olvidemos los prejuicios, aunque sean positivos. Analicemos las situaciones de forma aséptica, casi científica.

Por ejemplo, imaginemos la escena: un individuo inserto en una cultura que le es ajena, de la cual desconoce todo… desde el idioma hasta las costumbres. Que no puede valerse por sí mismo y está condenado a la caridad de quienes le acogen con mayor o menor agrado: la familia de adopción a la que le ha correspondido su cuidado. Una persona con estas características sólo puede tener un nombre: refugiado. Con el paso del tiempo, en el mejor de los casos, será capaz de integrarse en todos esos círculos concéntricos… pero habida cuenta de que no se trata de un exilio voluntario, en mayor o menor medida estaríamos hablando de un secuestro. Y considerando de tal manera la situación, no tenemos otro remedio que concluir la siguiente consecuencia: cualquier éxito de integración en el entorno será únicamente una variante del “síndrome de Estocolmo”.

Así, de todo lo antedicho cabe concluir sin mayor dificultad que cada persona ha pasado por esta situación a lo largo de su vida, puesto que el nacimiento es el inicio de un exilio: aunque se ignore cuál es el universo del que se procede… y el conflicto que da lugar al destierro.

Lo indiscutible es la aparición de la persona en un tiempo y un espacio concretos, aprioris en los que tendrá que ventilar la supervivencia –sobre todo al principio- gracias a la caridad ajena… de otros que como él, en su día fueron exiliados: aunque ya no lo recuerden.

Pero el éxito de esa misión demente que se llama existencia consiste en que el protagonista llegue algún día a ser capaz de valerse por sí mismo e intentar construirse un mundo lo más parecido al que su intuición o memoria cósmica le dicen que pertenece. Para eso: elegir un lugar en el planeta que le permita desarrollarse como siente y cree que debe hacerlo. Muchas veces, a la contra: pues estará rodeado de exiliados que no saben que lo son… y muchas veces, xenófobos. Elegir un lugar, un idioma, unas costumbres, unos compañeros con quienes compartir ese tiempo apátrida hasta conseguir que su vida sea lo más semejante a aquel paraíso perdido que no es la infancia.

La infancia sólo es la expulsión del paraíso, la etapa que inicia el exilio: un éxodo. Idealizarla significa haber sucumbido al “síndrome de Estocolmo”.