Tengo 1000 ángeles en mi escritorio aguardando ardientes el momento antigris de su primer vuelo. Se amontonan en mis manos y a mi espalda, apilados obedientes y disciplinados, como un ejército justiciero que espera una señal del cielo para ir a conquistar todo ese vasto territorio invadido por la literatura basura.
Miro alrededor, tanto ángel revoloteándome puede que sea solamente una metáfora del fracaso; quizá sea el ángel del “aguarda”, de la paciencia en la confianza de ser yo mismo algún día quien ría el último.
Tengo 1000 ángeles… ¿he dicho mil? Tendré que revisarlos uno a uno, no vaya a tratarse de una variante del “timo de la estampita”.
La reflexión de ahora (de alas y plumas) sólo es un arañazo al aire, colores de mañana y esperanza.
Parece que al fin me niego a comprender, no acepto el castigo del demiurgo caprichoso que –cual diablillo travieso– me ha castigado a copiar tantas veces el mismo libro, que es mío y repito de cara al escritorio… no sé si seré capaz mañana de escenificar tanta mentira.
Si no quieres el eterno retorno de mi maldición, repetida sobre tu persona, escucha un consejo: no sigas maltratando tu corazón con la literatura.
Os he de confesar que eran mentira la belleza y el lirismo del inicio. En realidad sólo tengo 900 ángeles en el trastero, almacén de frustraciones y utopía, porque mis supuestas genialidades ni siquiera tienen salida.
lunes, 21 de enero de 2013
jueves, 3 de enero de 2013
No podréis...
No podréis competir conmigo. Apareceré al final de la partida, cuando parezca que ya está todo decidido: alguien pensará que va a ganarla porque le ha entrado una buena mano de cartas, algo excepcional y extemporáneo, pero… para entonces ya llevaré mil años de descartes y mi repóker no será casual, ni podrá luchar contra él jugador alguno. Mi victoria no será casualidad, sino paciencia.
martes, 18 de diciembre de 2012
DESVARÍOS
La descubrí en una tienda, comprando... su rostro frágil, su figura sutil, su cuerpo inverosímil... se dibujaban frente a mí como un sueño, el sobresalto de un encuentro inesperado por imposible. Era la Belleza misma en carne viva… ¡carne morena!
Casi con naturalidad coincidimos en la esquina, donde intercambiamos unas palabras vacías y aceptamos mutuamente la excusa de un café para sublimar la timidez.
–Llevas mucha compra –apuntó mirando las bolsas de plástico que dejé junto a la mesa.
–Estas bolsas –le dije– contienen la inmensa carga de mi vida cotidiana y doméstica. Representan el lastre de la espera: mi existencia sólo es la búsqueda infructuosa del salto mortal que me haga salir del hastío. ¿Pero dónde iré? ¿acaso a otro desierto tan semejante a éste? No, lo que realmente anhelo y necesito como el aire no es una huída, sino un encuentro. El de mí mismo con la identidad perdida entre tantos hechos como se acumulan en mi historia personal. Tus ojos contienen esa chispa, capaz de hacerme saltar por los aires y llegar a una dimensión ignota... abandonar toda esta seguridad previsible y abrazar lo imprevisto, la aventura de tus brazos como un anticipo de otro mundo que ahora se me escapa.
–Sigue buscando, no soy tu sueño. De hecho... soy como tú, nada más. Lo que llamas la chispa de mis ojos sólo es un espejismo que te mientes. Mi mundo es tan desierto como el tuyo; ¿qué haremos, ampliar dos desiertos?
Se levantó. Sus leves pantaloncitos dejaban ver claramente unos muslos tan bronceados como el Oriente. Sus brazos ligeros y los hombros torneados eran una invitación al error, sin duda. Un leve contoneo de insinuantes caderas fue su única despedida; pero yo no había venido a entrevistarme con la lujuria.
–¿Dónde estará mi sueño? –le pregunté.
Pero ella no me oyó, ya no estaba... nunca había venido.
Casi con naturalidad coincidimos en la esquina, donde intercambiamos unas palabras vacías y aceptamos mutuamente la excusa de un café para sublimar la timidez.
–Llevas mucha compra –apuntó mirando las bolsas de plástico que dejé junto a la mesa.
–Estas bolsas –le dije– contienen la inmensa carga de mi vida cotidiana y doméstica. Representan el lastre de la espera: mi existencia sólo es la búsqueda infructuosa del salto mortal que me haga salir del hastío. ¿Pero dónde iré? ¿acaso a otro desierto tan semejante a éste? No, lo que realmente anhelo y necesito como el aire no es una huída, sino un encuentro. El de mí mismo con la identidad perdida entre tantos hechos como se acumulan en mi historia personal. Tus ojos contienen esa chispa, capaz de hacerme saltar por los aires y llegar a una dimensión ignota... abandonar toda esta seguridad previsible y abrazar lo imprevisto, la aventura de tus brazos como un anticipo de otro mundo que ahora se me escapa.
–Sigue buscando, no soy tu sueño. De hecho... soy como tú, nada más. Lo que llamas la chispa de mis ojos sólo es un espejismo que te mientes. Mi mundo es tan desierto como el tuyo; ¿qué haremos, ampliar dos desiertos?
Se levantó. Sus leves pantaloncitos dejaban ver claramente unos muslos tan bronceados como el Oriente. Sus brazos ligeros y los hombros torneados eran una invitación al error, sin duda. Un leve contoneo de insinuantes caderas fue su única despedida; pero yo no había venido a entrevistarme con la lujuria.
–¿Dónde estará mi sueño? –le pregunté.
Pero ella no me oyó, ya no estaba... nunca había venido.
Etiquetas:
cuento,
literatura,
metáfora,
realismo
martes, 4 de diciembre de 2012
LOS HIJOS DE ARQUÍMEDES
La suavidad inacabada en pensamiento,
El placer de una erección en compañía.
Todo espíritu sumergido en una frustración
Experimenta un renacer hacia los astros
Directamente proporcional a las negras fuerzas
Que lo hunden… pero siempre después
De haber tocado el fondo, saboreado el suicidio
Hábilmente escondido tras las fiestas.
Esa noche que habita fibrilando deseos
Quiere provocar a las constelaciones:
Deambulan, ateridas y sórdidas en su
Pequeño espacio infinito, inmenso.
Soplido entre los ojos, ceniciento…
El placer de una erección en compañía.
Todo espíritu sumergido en una frustración
Experimenta un renacer hacia los astros
Directamente proporcional a las negras fuerzas
Que lo hunden… pero siempre después
De haber tocado el fondo, saboreado el suicidio
Hábilmente escondido tras las fiestas.
Esa noche que habita fibrilando deseos
Quiere provocar a las constelaciones:
Deambulan, ateridas y sórdidas en su
Pequeño espacio infinito, inmenso.
Soplido entre los ojos, ceniciento…
jueves, 22 de noviembre de 2012
LA MANZANA
Si alguna tarde se acerca a nosotros
un divertimento en forma de flor
o de música de otros tiempos
no reforcéis una respuesta
tan artificial como inconsciente,
más bien de todo este juglar
quedaos con el impulso, la manzana.
un divertimento en forma de flor
o de música de otros tiempos
no reforcéis una respuesta
tan artificial como inconsciente,
más bien de todo este juglar
quedaos con el impulso, la manzana.
viernes, 4 de mayo de 2012
VEO, veo...
Veo un grupo en la sombra: celebran su negocio de guerra con fuegos artificiales rojos. Son ajenos a la vida de la gente, sólo brindan con su cristal de calavera. Veo tantas noches baldías... de vanidad al sereno, de hambre sin remedio, de enjutas venganzas circulando por los pasillos de la justicia. Veo tantas vidas malgastadas, que jamás habría imaginado ese estallido: el que ilumina las sombras con el fulgor instantáneo de quien se inmola porque ya lo da todo por perdido.
Etiquetas:
crítica,
melancolía,
pensamiento,
sociedad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
