viernes, 16 de agosto de 2013

ANIVERSARIOS DE MUERTES QUE NO SON NUESTRAS

Siempre mueren los demás
Marcel Duchamp


Huellas deformadas en el rincón inservible
de batallas juveniles, rotas.
Acerco mi oído, atento:
cae la nieve, más estruendo
que derrumbarse un monumento;
mas nada parece inmutarse
en este mundo de hielo.
Nuestras vidas están cayendo
pausada e inevitablemente.
Como la nieve se desmoronan
sin crepúsculo, apocalipsis
sólo interior: para nada sirve un muerto.

Pasa un hombre, queda un dolmen.

¿Estáis o no, sordos en la quietud?
La risa fácil deviene
un lobo de carcajadas, una llena
luna hiena.
Planicie de absoluto rencor será la tierra
pues a partir de ahora
nevaré yo, no las calderas:
dormiréis entre jazmines, ignorantes
de la justicia implacable
que habita mi cabeza. Sonreíd, soy
la posteridad de una quimera
nunca soñada por imposible
y estoy ahora abriendo
una puerta en las estrellas.

Dejad paso a este héroe
ved cómo viene ancestral
a herir pechos sin corazón ¡desalmados!
Acompañan su comitiva seca
dosmil niños perplejos
con una rama de azafrán entre los dientes;
parecen dormir, pero son ciegos
y sufren entre risas su ceguera.
Al mismo tiempo arropan ese cuerpo
todos los dulces
nunca saboreados por el muerto.

Podéis volver ahora al refugio
de puñales indecentes o familias nucleares;
llamad a algún dios que facture tanto odio
lo transforme en vuestras normales existencias.
No sabéis lo que estáis viendo
al contemplar vuestra muerte. Y puede
que ser sordo cauterice, mas vulnera.
Quizá nadie lo sepa
sólo yo, pero hay algo cayendo.


Es la nieve. Es la muerte.


1 comentario:

  1. El verano es, sin duda, tiempo de sequía, Don Ernesto.

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