Mi vecina
adolescente no es una persona, sino un concepto con tetitas que se cruza
conmigo por las escaleras y piensa que soy un señor, sin imaginar mi verdadera
personalidad... la del mayor pervertido de toda la Humanidad (si no el peor,
que no oso, al menos el más complejo).
miércoles, 5 de noviembre de 2014
lunes, 20 de octubre de 2014
Fragmento de mis futuras memorias
La
argumentación parecía impecable: filosofía y fealdad eran sinónimos; caso contrario,
alguien que no es feo no se dedicaría al intelecto, sino al cuerpo.
Con
semejante desparpajo, la falacia dividía al mundo en dos grupos
irreconciliables: el de los feos/intelectuales y el de los
guapos/superficiales. Aquello nos impregnaba ciertamente de un malditismo que
resultaba en ocasiones más atractivo que la belleza misma, nos relegaba al
papel de protestones porque en la lotería de las caras no nos había tocado ni
la pedrea.
Pero la base del razonamiento era evidentemente falsa, porque partía
de la imposibilidad de compaginar en una persona belleza y sabiduría, por
ejemplo. Condenaba a los guapos a la ignorancia, igual que a los feos les
relegaba a las bibliotecas. Sin embargo, no se negaba la evidencia de que había
individuos que compaginaban facetas enfrentadas: se les trataba como
excepciones y por tanto no sólo dignos de compasión por ser una especie de
“enfermos”, también como demostración de la veracidad del argumento.
Un
poco como respuesta a semejante superficialidad, el título de mi tesina iba por
ahí: el reducto que va más allá de la materia, la sensibilidad superando lo
inmediato. Al fin, ¿quién se preocupa de la belleza aleatoria, sino aquella
persona que no tiene más elementos importantes en su vida? No es que la belleza
no importe, sino que es secundaria: en otras palabras, la belleza no es
meramente física, sino que se refiere a un concepto más englobante, casi total:
lejos de pasarelas y vacuidades.
En
todo caso, resulta fácil solidarizarse con los pobres siendo uno de ellos… no
así cuando uno es rico (lo primero que hacen los ricos es rechazarle por
diferente). Nosotros, en cambio, tratábamos a los guapos como si fueran
personas: normales antes que guapos, a veces incluso obviando la belleza para
que no se sintieran excesivamente incómodos.
viernes, 17 de octubre de 2014
Tú dirás...
Ahora me voy un rato, de viaje al pasado… en fin, eso son unas
memorias ¿no? Un viaje en el tiempo, pero al abrigo del presente: un recorrido
por paisajes que alguna vez no nos resultaron ajenos. Salgo pero no huyo, mi
cuartel general es éste: los episodios contables sólo escaramuzas en la batalla
de la vida. Las cosas como pudieron ser y no fueron; o mejor: como no pudieron
ser. Hipótesis de especulaciones, pasados posibles, imposibles… deseos
consumidos, no consumados; actos fallidos y actos follados. Juegos de palabras
y palabra de juego. Armonías ajenas pendientes como telarañas ¿a quién le
interesan ya, si no es como materia de entretenimiento para una tarde de
invierno, junto a la mesa camilla?
Etiquetas:
biografía,
literatura,
metáfora,
símbolo,
tontería pura
viernes, 3 de octubre de 2014
LITERATURA FICCIÓN
Pagar
por leer dejará de ser esa fórmula ancestral que conocemos desde la Revolución
Industrial y sus coletazos de derechos de autor.
La
difusión del saber se convertirá, gracias a Internet, en el corolario de algo
tan elemental como la biblioteca de Alejandría; se comprenderá así, por fin,
que todo el proceso intermedio era tan prescindible como deleznable: poner el conjunto
de la sabiduría al servicio de la mentalidad empresarial (tan primaria como
pacata).
Así,
los libros –además de ser infinitamente diferentes, como los conocemos en la
actualidad– se pagarán después de haberlos leído y sólo si el lector considera
que el autor merece ser subvencionado con su micro-crédito (que no limosna); el
dinero será tan sólo una forma de traducir (a un lenguaje universalmente
entendible) el refuerzo positivo, la admiración, el coraje y la calidad del
autor, quien –en todo caso– seguirá escribiendo aunque no pague nadie.
Pagar
por leer se convertirá en algo gratificante para quien lo hace, pero también en
una obligación moral para quien recibe el pago: seguir adelante, en la misma
línea, profundizando. Y si alguien lee y no puede pagar por falta de recursos,
resultará indiferente: la obra ya habrá cumplido su misión comunicativa,
dejando a la transacción financiera en el segundo plano que le corresponde.
Con
semejante filtro –tan natural como justo– abandonaremos ese acto de fe que
significa (a día de hoy) comprar un libro: pagar por adelantado algo que no
sabemos si nos gustará, estará rancio o caducado… Esta concepción actual
trasluce un complejo de inferioridad de los autores, el temor a no ser
reconocidos por el público: ni más ni menos que una crisis de vocación, de
autoconfianza y también de confianza en la propia calidad… disfrazada de forma
capitalista. Eso sin entrar a valorar los débitos en que se incurre al obrar de
esta manera: clientelismo, favores debidos, lameculismos en general…
Algún
día nos parecerá demencial e inconcebible lo que hasta hoy nos ha parecido de
lo más normal, mediatizados como estamos por una mentalidad adocenada que nos
dicta (de “dictadura”) las maneras de pensar y apreciar todo cuanto se refiere
al mundo del arte en general y de la literatura en particular.
Entonces
la obra se valorará sólo por sí misma, lejos de los mercados y los ortodoxos
juicios de críticos que viven gracias a sueldos amasados en la trastienda de la
conciencia: mezquinos, pero con el disfraz del arte (que por definición y por
fortuna, siempre ha estado más allá de semejantes manoseos).
Ese
día sabremos que finalmente ha cambiado el paradigma desde el que evaluamos una
obra, privándose del lastre de las inconscientes deudas intelectuales y las
pacatas autojustificaciones. Entonces –aunque los ricos no quieran- el arte
será gratis y revolucionario; para eso se necesita también un cambio de
mentalidad, una educación en valores lejanos del tintineo. La coincidencia de
ambos cambios no sólo será definitiva: además, tendrá un imposible retroceso.
Etiquetas:
arte,
crítica,
estética,
literatura,
pensamiento,
realismo,
símbolo,
sociedad
sábado, 27 de septiembre de 2014
AZIMUT Y PARALAJE
Instrucciones
aparentemente verdaderas para disfrutar de la visión de coños en lugares no
nudistas; advertencia para que las no-conscientemente-exhibicionistas corrijan
sus actitudes (si quieren).
El
punto de partida fundamental para el mirón será la elección adecuada del lugar
de observación: a tal efecto, lo más indicado es situarse tras la cabeza de la
nínfula elegida, consiguiendo con ello un lugar doblemente privilegiado (por no
poder ser descubierto por ella y porque le permitirá una óptima observación). Ella
estará tumbada sobre una toalla, sobre la arena o sobre una tumbona: en
cualquiera de los casos, nuestro mirón se colocará en el enclave indicado, pero
además de manera elevada (lo que sin duda le facilitará la observación): una
tumbona tiene la altura ideal, con toda certeza.
Una
vez dispuesto a la cacería visual, se acomodará en su atalaya sin despertar
sospechas, haciendo gestos y ademanes mesurados (aunque no exceso, que pondrían
sobre aviso al entorno). Para elegir el lugar más perfecto de los posibles,
nuestro protagonista dedicará un buen rato a aplicarse bronceador pausadamente…
pues con ello puede sin duda matizar su posición hasta el extremo, pudiendo
alcanzar la perfección en la perspectiva (si se esmera). Con las gafas de sol
tendremos ya el complemento idóneo para el disfraz; colocado boca arriba sobre
su tumbona, el mirón tendrá en el centro de su campo visual (como al descuido,
como por casualidad, como si no fuera importante) el cuerpo elegido para la
ocasión. Así, mejor que cualquier lectura, realidad virtual o imaginación a su
alcance, nuestro mirón tendrá a su disposición una especie de “canal Gran
Hermano” a tiempo completo, desde el que poder ir degustando todos los matices
del bronceado ajeno. Disfrutará sin duda de cada episodio de la escaramuza por
minucioso que sea; pero además –con la debida paciencia- llegará tarde o
temprano ese mágico instante en el que ella, boca arriba, elevará la cinta
superior de la parte triangular de su bikini: no se sabe muy bien si esto
obedece a un ademán presumido, a un afán de perfección, a una duda sobre el
funcionamiento cósmico (quizá más bien necesidad de ventilación o efecto
mariposa) o simplemente se trata de un mero gesto de displicencia. En ese
instante eterno, durante esa milésima de elevación de la cinta… se hará visible
para nuestro mirón el interior del valle delimitado por las dos crestas
ilíacas, esa depresión en la que reside el mayor volcán del organismo humano.
Bajo la carpa colorida de ese instante, asomará el pigmento del cabello crespo
y coloreado… o bien el brillo lampiño fruto del tesón humano; en ambos casos,
el instante eternizará la materia en la memoria de nuestro protagonista. Lo
demás lo hará ya el recuerdo, modificando la realidad a su antojo… El instante
ya será eterno; ella jamás tendrá conciencia de exhibicionismo alguno, sólo de
perfeccionismo o de coquetería.
En la
antigüedad, tanto los sabios como el común de los mortales pensaban que el
cielo era una cúpula a la que estaban adheridas las estrellas, colgantes;
desconocían la inmensa distancia que separaba su visión de ellas y por tanto
también que al desplazarse en la tierra no se alteraba la distancia entre
ellas.
Una
mirada, un sexo, una intención, un deseo… ¡qué distancia tan relativa!
Etiquetas:
estética,
predicción,
sociedad,
tontería pura
sábado, 13 de septiembre de 2014
El submundo de las ideas
¡Cuántas veces llega la
inspiración en circunstancias adversas! Por cualquier motivo, imposible
anotarlas; entonces nos empeñamos en memorizar para después... y entonces
surgen en tropel, fluyen más ideas, como aprovechando que se ha levantado la
veda. Queremos recordarlas todas, pero alguna siempre se escapa, huye hacia el
éter o la vida; es lo que yo llamo "ideas que se ahogan en la ducha",
infinitas porque las agiganta la desmemoria. Muchas veces prescindibles, pero
otras: se las queda el genio que llevamos dentro. El inconsciente individual.
Etiquetas:
arte,
filosofía,
genio,
pensamiento
sábado, 30 de agosto de 2014
Una reflexión (pequeña)
La posesión sexual no es algo físico,
sino intelectual. La prueba está en su pretensión de trascender la materia,
prolongarse más allá del dominio de un cuerpo, para erigirse en figura social
(matrimonio) como declaración pactada de status respectivos: ya lo dijo
Foucault. Por todo ello, no puede pretenderse una posesión sexual sin
proyección de propiedad vital, salvo que podamos llegar a concienciar de una
libertad inimaginable a día de hoy. Es el miedo a la libertad de Fromm en su
versión sexual.
Etiquetas:
crítica,
filosofía,
pensamiento,
símbolo,
sociedad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

