lunes, 7 de octubre de 2013

El tango (3)

Amar es vivir otra vez, y la vida tiene forma de mujer; así que las ilusiones buscan la dulce quimera que guarda el alma que alucinada quiere esperar, pues quien tiene un cariño al cariño se ha de dar.
Pero hay cariños que son amargura, que parecen castigo de Dios, y el valor que representa el coraje de querer se convierte después en un dolor.
A veces se muestra la vida sin sombras ni herida, sin pena ni amor, porque primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, y al fin andar sin pensamientos.
¿Para qué recordar las tristezas; presentir y dudar, para qué?, si todo el carnaval gritando pisoteó la mano fraternal de Dios, juez supremo que sabe el pasado.
La gente es brutal y odia siempre al que sueña, lo burla y con risas desdeña su intento mejor.
Quizá sea condición de varón el sufrir, pero al volver al pasado se hacen nuevas cuentas viejas y ella vuelve noche a noche como un canto para reprochar la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
Mientras por una cabeza se cometen todas las locuras, una madre canta un canto querido que llega hasta el alma, porque sólo una madre nos perdona en esta vida, es la única verdad; es mentira lo demás.
Vamos por viejas rutinas cuando está de olvido el corazón, porque siempre se vuelve al primer amor.
Tras el ventanal, mientras pega la llovizna en el cristal, con los ojos más nublados de dolor hay una soledad sin para qué con el gesto de quien se ha muerto mucho.
Un hombre no debe llorar, pero si hay llantos que pueden perseguir así, se olvida que vivir es cambiar y solo (como están los que se mueren, los que sufren), solo, el corazón se entrega mansamente bajo la luz con humo del desvelo.
TOMO Y OBLIGO

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